Calista
Entré al salón del comedor ignorando las distintas miradas sobre mi, para esa noche había elegido un formal vestido grisáceo, de escote recto y entallado hasta unos milímetros más abajo de la rodilla, mis tacones tronando en cada paso y sin bajar la mirada. Me sentía andando entre víboras y cocodrilos, ambas especies hambrientas y deseadas por clavar sus colmillos sobre mi piel para devorarme y hacerme nada.
No saludé a nadie, no abrí mi boca en lo absoluto y me senté en el sitio pred