Calista
—¡Despierta! ¡Es hoy, es hoy! —alguien sacudió mi cuerpo logrando despertarme de mala gana, me removí y puse una almohada sobre mi cabeza.
—No molestes —le pedí a Cyrilla, escuché las voces del resto de mis amigas y sus pasos acercándose.
—Levántate —jaló la sábana y me quitó la almohada, entre todas me obligaron a levantarme y me empujaron al baño —los estilistas llegaran en media hora, ya hemos pedido el desayuno.
Ayer en la noche llegamos a Atenas, mis amigas y mi familia me acom