—¿Sorpresa? —rió Calista divirtiéndose con las reacciones de todos, su madre que dio un paso más adelante queriendo ir a abrazarlo pero reteniéndose al saber lo poco que le agradaban las muestras de cariño a su hijo.
—¿Cómo es que…? —Andreus quiso formular la pregunta pero no pudo, el miedo comenzando a recorrerle el cuerpo.
—¿Cómo es que estoy vivo después de que mandaste a asesinarme? —se escucharon algunos jadeos silenciosos de parte de los empleados que permanecían como estatuas en la sal