Moros.
—Tu madre está muy disgustada contigo, hijo.
—No puedo hacer nada por ella, yo me encuentro igual. —Mi voz fue ruda y sin ninguna clase de tacto, no pretendo tener ningún tipo de compasión por esa mujer después de lo que hizo. —Lo único que puedo hacer es aliviar mi disgusto.
—¿En serio pelearas con tu madre por una humana?
—Esa humana es mi mujer, no es cualquier porquería a la que puedan pisotear. —Tome la copa ofrecida, llena del vino lujoso que solo sirven en el castillo de mi padre