Livy Clark
Abrí los ojos a los dos segundos de haberlos cerrado. Un molesto sonido me sacó de un hermoso sueño, en el que nada de esto tenía por qué estar ocurriendo. Mi semblante se tornó triste y desesperado, y la campanilla seguía allí, tan molesta como la primera vez que la oí. Mis ojos se movieron hacia el sonido, y entonces salté de mi silla como un gato asustado. Me levanté y me enfrenté a mi jefe, que me miraba con expresión fría. Sus rápidos dedos golpeaban con fuerza la pila de papele