Tú también eres un hombre.
Livy Clark
Llegué a mi piso. Me sudaban las manos y aún tenía que intentar calmarme. Todo sucedió muy deprisa, y fue tan malo como imaginaba.
Los ojos de mi jefe mirándome la barriga, como si detestara la idea, fue lo que más me dolió, y no podía quitármelo de la cabeza. En aquel momento, me resultaba doloroso pensar en él. Era doloroso pensar en cualquier hombre que hubiera entrado en mi vida.
Me senté en una silla en medio de la habitación. Era todo lo que tenía. Ni televisión, ni sofá, ni e