Hardin Holloway
Caminé hacia la recepción. Aquí todo el mundo me conocía. Desde que me separé de Maila, nunca había vuelto a mi propio piso. Vivir en un hotel era sin duda lo más absurdo que había hecho nunca. Tenía serios problemas que debía resolver. Ya lo sé.
— Buenas noches, señor. — Deseó el empleado.
Siempre decía lo mismo cuando yo entraba y salía del hotel, y nunca hubo otro intercambio de palabras. Entré en el ascensor, con la mirada fija en un montón de papeles aferrados entre las man