Lo sé, pero fue usted quien lo pidió.
— Mi sonrisa comenzó a deshacerse, mientras la de ella se establecía en su rostro. Yo ni siquiera conseguía verla fea. ¿Qué había de errado con mis ojos, al final? Parpadeé varias veces, mientras sus labios volvían a cantar, y ella revolvía cada armario nunca tocado en mi cocina. Empujé la silla y me levanté. Yo necesitaba descansar. Yo necesitaba salir de aquel ambiente, y dejar de pensar en las cosas que estaban surgiendo en mi mente. Yo con certeza necesitaba más librarme de la segunda parte