Perdóneme. Por favor
Hardin Holloway
— Pero yo no miré aquel plato. Yo simplemente no conseguía. Aquella maldita chica baja de ojos rasgados y vestido floreado en mi cocina había robado toda mi sanidad. Aquella niña fea y dulce que ya no parecía tan fea. Ella me encaraba, confusa, con su sonrisa amplia y linda, hasta que se deshizo cuando yo la toqué en la muñeca nuevamente. Pero yo lo hacía delicadamente, pasando las puntas de los dedos. Pero aquello no parecía suficiente cuando sentí el corazón palpitar. Yo querí