—¡Dios mío! No puedo creer que ya tenga dos años. Parece que hubiera nacido ayer—. chilló Fátima emocionada mientras pellizcaba las regordetas mejillas de Josiah.
Él se rió, emitiendo un chillido excitado en el proceso. Sus ojos verde pálido brillaban de amor, su pequeña nariz salpicada de unas pocas pecas bajo una piel blanca como la nieve, mientras sus pequeños labios rosados se entreabrían con una sonrisa. Era tan adorable y lleno de amor que casi contagiaba a los que lo rodeaban. Fátima lo