De repente, vio a Helena saliendo de su edificio. No podía creer lo feliz que estaba de verla. Incluso con el ceño fruncido, se alegró de verla. Era como un faro en la oscuridad que intentaba engullirlo. Cuando vio que estaba a punto de cruzar la calle, le hizo una señal para que esperara mientras él se dirigía hacia ella.
—Henry, ¿por qué sigues aquí? Te eché hace como una hora. No. Espera. Hace dos horas,— dijo ella, empujando los dos dedos levantados en su cara. Tuvo que retroceder o lo golp