Kiara se despertó a la mañana siguiente, casi saltando de la cama, cuando vio qué... o mejor dicho, quién estaba a su lado. Tuvo que reprimir el grito ahogado que se le formó en el fondo de la garganta porque se sorprendió al ver a Sabrina tendida allí.
Una lenta sonrisa se dibujó en su rostro cuando se recompuso y miró a la niña dormida. Sus dos manitas estaban debajo de su cabeza y encima descansaba un rostro inocente con su pelo oscuro. Kiara sonrió y se levantó lentamente de la cama. Bostez