Eric golpeó suavemente la puerta de la habitación. No esperó respuesta. Cuando la abrió, Amanda ya estaba lista, con un vestido beige entallado, el cabello recogido y los labios pintados con un rojo suave.
Parecía tranquila. Demasiado tranquila.
—Tenemos cita ya con el notario —dijo él, seco—. Tal como has pedido.
—Así me gusta. —Ella sonrió como si fuera una noticia agradable. Luego tomó su bolso, se colocó las gafas de sol y pasó junto a él sin prisa, como si fueran de paseo—. Perfecto —respo