Para Eric, la situación se estaba volviendo desesperante.
Había leído todo lo que encontró, había hablado con el médico, había escuchado con atención cada recomendación razonable sobre el embarazo, las hormonas, los cambios emocionales, el cansancio, la sensibilidad.
Lo entendía en teoría.
Pero frente a Amanda, todo ese conocimiento se volvía inútil. Se sentía de brazos cruzados, torpemente inútil, como si cualquier intento de acercarse terminara chocando contra una pared invisible.
Verla llora