Abel miró por la ventana, no perdió tiempo.
Su rostro estaba frío y decidido, como siempre cuando tenía un plan en mente. Llevaba un traje formal, gris oscuro, con corbata negra, perfecto para dar la impresión de autoridad. No sentía remordimiento; solo calculaba los pasos siguientes. La clínica aparecía al final del camino, un edificio blanco y discreto rodeado de jardines bien cuidados. Era un lugar para personas con deterioro cognitivo, donde la madre de Amanda vivía desde hacía años. Abel h