Eric llegó a la oficina temprano, antes de que la mayoría del edificio terminara de despertarse. No era por trabajo. El trabajo podía esperar. Lo que no podía esperar era esa imagen de Amanda la noche anterior, rígida entre sus brazos, con la mirada fija en algún lugar que él no alcanzaba a ver, como si estuviera ahí y al mismo tiempo lejos.
Él había intentado bromear, había intentado ser suave, había intentado hablarle a los bebés y besarle el vientre, y aunque Amanda no lo rechazó de forma abierta, tampoco se relajó. Se había quedado con esa sensación de estar caminando sobre una línea muy fina, sin entender dónde estaba el borde.
Encendió el ordenador sin quitarse el abrigo. Ni siquiera se sirvió café. Abrió el navegador y tecleó con una prisa que no combinaba con su cara tranquila: “cambios de humor embarazo cómo ayudar”. Lo primero que le salió fue un foro lleno de respuestas contradictorias, mujeres que se insultaban entre ellas, un artículo que decía que el embarazo volvía a la