Eric llevaba casi una hora dentro del coche negro, estacionado frente a la inmobiliaria donde Amanda trabajaba.
Los vidrios tintados le permitían observar sin que nadie notara su presencia, pero aun así se agachaba un poco cada vez que pasaba alguien cerca.
No sabía qué demonios hacía ahí.
No sabía por qué seguía repitiendo ese ritual desde hacía semanas.
Decía que era para asegurarse de que estuviera bien, que era por los bebés, que tenía que estar pendiente de cualquier señal que indicara que