Catalina se puso los guantes médicos y se dispuso a ayudar a Edgar a cambiarle el vendaje. Edgar esbozó una leve sonrisa al recordar aquel momento del pasado en que se conocieron. Catalina le ayudó a curarle la herida.
«¡Rápido, quítate la ropa, Edgar!», le dijo Catalina.
«Cariño, ¿no ves que todavía tengo el gotero en la mano? Me cuesta quitarme la ropa, así que tienes que ayudarme». Edgar puso cara de tristeza mientras le mostraba la mano, que aún tenía el gotero.
De hecho, solo Edgar seguía