Edgar esbozó una leve sonrisa, sin apartar la mirada de Catalina, que ya se había quedado dormida. No tenía ganas de cerrar los ojos; la belleza de su esposa mientras dormía lo hacía enamorarse aún más de ella.
La puerta se abrió y Gavi se acercó a Edgar.
—¿Por qué has vuelto aquí? Mi esposa y yo necesitamos descansar. No nos molestes por ahora —dijo Edgar, mientras miraba de reojo a Catalina. Temía que su esposa se despertara al ser interrumpida por su conversación con Gavi.
«Señor, he venido