Kyra permaneció en el umbral, un centinela del dolor, mientras la silueta lupina de Daniel se disolvía en las garras de la noche. La luna, testigo agridulce de su despedida, pintó rayas plateadas en sus mejillas surcadas de lágrimas. Esa imagen la recordaba Kyra con dolor.
Había pasado un mes, pero el tiempo hizo poco para aliviar el dolor grabado en lo más profundo de su corazón. No solo su relación con Daniel cambió por completo, sino también con su hermana. Amelie la culpó de que Benjamín ya