Sus labios gruesos sabor a chocolate, su fragancia a tierra fresca, sus enormes manos. Todo eso recordaba Kyra después de aquel apasionado beso.
Ninguno de los dos huyo, ambos disfrutaron del momento y después de separarse se despidieron con un simple buenas noches.
Kyra daba vueltas en la cama y la sonrisa en su rostro no podía eliminarla. Ese beso, ese momento había sido mágico.
Toc, toc
Escuchó pequeños toques en su puerta. Se levantó de prisa y abrió sin esperar.
―Buenos días, señorita. ―Sa