Los dedos de Isabella temblaron ligeramente cuando levantó la mano para llamar a la pesada puerta de roble que pertenecía a Kyra White, la madre del hombre que, sin saberlo, había atrapado su corazón en una red de misterio y luz de luna. La puerta se abrió antes de que sus nudillos pudieran golpear la madera, revelando la sonrisa cómplice de Kyra.
—Isabella. —saludó Kyra cálidamente, su voz era un bálsamo tranquilizador. —Te estaba esperando.
Una hora antes, Isabella le envió un mensaje a Kyra