El olor estéril del antiséptico era abrumador y se pegaba al fondo de la garganta de Isabella mientras estaba sentada rígidamente en la incómoda silla del hospital. Sus ojos, enrojecidos y cansados, se fijaron en las puertas batientes por las que podría llegar cualquier noticia: noticias de Bryan, que había desaparecido en las profundidades de la sala de urgencias horas antes.
—Isabella. —la voz de Alex atravesó la niebla de su ansiedad, firme pero gentil. Él se sentó en el borde de su cama, su