Darius rozó sus labios contra los de Isabella, su aliento caliente y urgente en su oído. —He soñado con saborear tus dulces labios y sentir tu cuerpo contra el mío.
En ese instante, las barreras que había construido con tanto cuidado a lo largo de los años se derrumbaron, revelando a la mujer vulnerable que había debajo.
Hambrientos, sus bocas chocaron, sus lenguas bailaron en un antiguo ritual de apareamiento, explorando cada grieta, provocando y saboreando. Era como si estuvieran hambrientos