La voz de Rowan chisporroteó a través del teléfono, con un matiz de alegría debajo de sus palabras. —Vamos, Darius. Es solo un trago.
—En otra ocasión. —respondió Darius, sus ojos escaneando un antiguo tomo que susurraba secretos de su linaje. El peso de su herencia pesaba sobre él como la atracción de la luna sobre la marea: ineludible, cíclico.
—Haz lo que quieras. —intervino Convel, con el sonido de vasos tintineando y risas de fondo.
La llamada terminó, dejando a Darius en el eco del silen