El sol de la tarde bañaba el auto con un brillo cálido mientras Isabella navegaba por el sinuoso camino de regreso a casa, con las manos firmes en el volante. Giulia, a su lado, prácticamente vibraba de emoción, sus palabras caían como agua en cascada sobre rocas lisas.
—Zia, no lo vas a creer. ¡Conocí a alguien hoy, en la biblioteca de todos los lugares! —Los ojos de Giulia estaban muy abiertos, iluminados con el tipo de fervor que sólo el primer amor puede encender.
—Giulia, amore mio, más de