Darius Storm caminaba con una presencia innegable a través de las arterias adoquinadas de la ciudad, la vida vibrante a su alrededor se detenía para contemplar su sorprendente rostro.
Ojos azules penetrantes, que recordaban mares tempestuosos atrapados bajo la mirada inquietante de una tormenta, contemplaban el bullicio con serena confianza. Su cabello, un ala de cuervo en desorden, susurraba sobre su frente mientras se movía, cada mechón rebelde contra la calma del día.
—Hijo de la luna y del