La luz de la luna se filtraba a través de las ramas enredadas, proyectando un brillo plateado sobre el suelo del bosque mientras Daniel, flanqueado por Edon y Bardou, continuaba su incesante búsqueda de Nicolli.
El aire estaba cargado del olor a tierra húmeda y al almizcle de sus compañeros de manada, cuyos alientos tejían zarcillos de niebla en la fría noche.
Nicolli era una amenaza para cualquiera de las tres manadas.
—Daniel, hemos estado buscando durante horas. —murmuró Edon, preocupado d