ROCÍO CRUZ
—¿Estás bien? —preguntó uno de los policías mientras intentaba tomar mi tobillo.
—Sí, no hay problema, estoy bien —dije apenada, sin saber de dónde tirar de la falda. Cuando tiraba por delante después tenía que tirar de atrás. Era una prenda demasiado pequeña y ajustada. ¿Cómo le hacía Gina para usar esto todos los días sin que se le vieran los calzones?
—Pobrecita. ¿Estás segura? —dijo otro hincándose a mi lado—. ¿Por qué no me dejas llevarte al hospital? Solo para que te revisen.