MOLLY DAVIS
Disimuladamente Alexei regresó la cocaína a la pequeña bolsita, resignado y adolorido. Tenía los hombros caídos y su mirada reflejaba un cansancio igual de profundo que su tristeza.
Era un hombre roto, no por su espalda que ya era solo carne al rojo vivo y palpitante, sino por todo lo que acarreaba desde la infancia.
Mi padre siempre fue dulce conmigo y con mi hermana. Era un hombre cariñoso que nos protegió, pero eso no significaba que todos los hombres relacionados a este ámbito