LUCIEN BLACKWELL
Sus amenazas cubiertas de piedad y falsa preocupación no pasaban desapercibidas para mí. Su padre y el mío habían sido grandes amigos. Habían forjado una alianza importante. Entre familias nos cubríamos las espaldas y la esperanza de volvernos una sola casando a Anna con Alexei o a Nadia conmigo no eran algo nuevo.
Mientras Nadia sostenía la rosa en su mano, la envolví suavemente con las mías.
—Suena encantador… pero lamento decirte que, si a alguien le daré una boda así, será