Aiden.
No era muy común que hiciera de comediante, pero Isabella tenía algo que no muchos. Le veía lo bueno a todo. Su risa nunca faltaba, inclusive cuando el auto se averió y tuvimos que esperar por dos horas a la grúa.
Caminamos entre el gentío, ella con su churro en las manos mientras le sostenía la soda que acompañaba. Sonreía por todo, hasta creí que me daría un calambre de tanto hacerlo. Sin embargo, era interesante.
La volteé a ver y ahí estaba, perdida en sus pensamientos y con una so