Con un bostezo y el estiramiento de sus brazos, ella termina de despertarse. Después de levantarse de la cama con pasos pesarosos y torpes, Alexa se para frente al espejo que se encuentra pegado a la pared y que Riú le regaló meses atrás.
—Ojeras... —Empieza a sacudirse berrinchuda. Odia su reflejo en el cristal, que es producto de haberse desvelado el resto de la noche, ya que no podía sacarse la imagen del licántropo desnudo de la cabeza—. Ese hombre es una obra de arte... —balbucea.
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