Los gritos y alaridos desesperados se mezclan entre las víctimas y los agresores, ya que estos últimos son asesinados por Otsana y los guardias, mientras que los civiles vociferan debido al pánico.
"Destroza a esos desgraciados", le ordena su loba, ansiosa por seguir derramando sangre.
Otsana, presa de un éxtasis extraño, se deja llevar por su impulso salvaje. Es así como ella se da la satisfacción de sacar toda la ira contenida que ha guardado desde que fue abusada.
Poder acabar con rateros co