Adrian Volkov
Dos semanas.
Eso llevaba Alessandro en el sótano de la casa de seguridad.
Cada día y noche, al menos uno de nosotros bajaba a visitarlo y nos aseguramos que aún respiraba.
Ni Valentina ni Katya habían vuelto al sótano, pero sabíamos que en un momento ambas iban a bajar para finalmente acabar con todo.
Mi hija ríe en los brazos de Nevio, quien le hacía extrañas muecas mientras la sentía en sus brazos. Su risa hace eco en la sala, llenándola de aquel suave e inocente sonido.
De