Valentina De Rosa
Un mes.
Un mes había pasado desde el nacimiento de mi hija.
Un mes donde vivo toda posible emoción que podía haber en este mundo.
Pero no me arrepentía por nada del mundo.
Amelia crecía cada día que pasaba y ya hasta la ropa de recién nacido le comenzaba a quedar un poco justa.
Dios, si solo fue hace un mes atrás que está ropa le quedaba enorme.
Ahora mismo, Amelia dormía en los brazos de Ekaterina, quien la miraba con una adoración en sus ojos, mientras a su lado, Katya