Mientras Augustus, veía como todos los enfermeros y doctores, revisaban el estado de Kim, Alessandro manejaba a toda velocidad rumbo a la pista más cercana del hospital. Sabía que su abuelo no era tonto y como debía moverse sin afectar al bebé, no iba a complicar tanto las cosas, cuando podía llevarla lejos gracias a una pista cercana.
La velocidad de su auto superaba los noventa kilómetros por hora, pero, poco le importaba si eso aumentaba la probabilidad de accidente, al saber que disminuir su