Con mi pequeño en brazos, camino hacia la casa de los Delacroix, mostrándome ruborizada, por lo que puede pasar con Alessandro. Suspirando profundo me acerco a sus padres, quienes ven una película de su época, en la televisión.
— Disculpen, ¿puedo pedirles un favor? — digo con el pequeño profundamente dormido.
— Claro que cuidaremos a Asher. Ve tranquila — dice Gabriela tomando a mi hijo.
— ¿Cómo…?
— Es evidente lo que quieres, me aseguraré de no bajar a menos que sea estrictamente necesario. —