No sé cuánto tiempo duré en su pecho llorando. Pero, cuando terminé de llorar, me sentí mucho más libre y vacía. Llorando, había liberado muchas cosas que me limitaban y pesaban mucho en mi pecho. Lentamente, me levanto de la cama y avergonzado lo observo.
— Lamento arruinar esto.
— No lo has hecho, ¿no lo notaste? — pregunta Alessandro y yo niego — Te has abierto a mí. Me viste como alguien de confianza con el que puedes llorar. Eso quiero para nosotros, antes que lo sexual.
— Pero…
— Sé que