Dos días después, Lena recibió por fin el alta médica.
Alán cruzó las puertas del hospital con su bebé en brazos y de repente sintió una inquietud.
La invadió esa punzada de preocupación propia de los padres primerizos al comprender que un recién nacido no estaba allí solo para verse lindo, sino que requería una atención constante y cuidados minuciosos las veinticuatro horas del día.
—Es tan dormilón como su papá —comentó Lena desde el asiento trasero de coche, un espacio que eligió para viaja