El bebé también resultaba la criatura más hermosa del mundo a los ojos de Alán. Su rostro todavía ligeramente hinchado, sus manitas pequeñitas apretadas en puños y ese llanto agudo propio de un recién nacido le conmovieron el alma.
—Es necesario que pase a la sala de recuperación, señor. Debemos limpiar al bebé y hacerle sus revisiones —le dijo la enfermera con tono amable, en tanto le extendía las manos para recibir al pequeño.
Alán entregó a su hijo y sus ojos volvieron de inmediato hacia Len