Después de saborear los fluidos de su mujer, que todavía se encontraba con la respiración agitada por el reciente orgasmo, Alán se incorporó sobre el colchón.
Se estiró hacia el buró y buscó en el cajón el frasco de lubricante; su polla, tensa y dolorida, palpitaba con fuerza dentro de la tela de su ropa interior.
Ser un bruto y solo meter su miembro sin preparación no era una opción en su mente. Los constantes cambios hormonales de su mujer, por su estado de gestación, no dejaban que ella l