Nada entre ellos pasó de miradas filosas y comentarios medio ácidos durante el resto de la tarde.
Ya no eran los adolescentes que tonteaban en las vacaciones familiares, ni los jóvenes impulsivos que se retaban a peleas absurdas que jamás tenían un desenlace físico.
Eran un par de adultos con responsabilidades. Eran cuñados, unidos por el lazo inquebrantable de la mujer de la casa.
Alán pasó el brazo por los hombros de su esposa con un gesto posesivo y la atrajo hacia sí para darle un tierno b