Las paredes de cristal de la oficina de Noah solían hacerme sentir expuesta, como un espécimen en un frasco de alta tecnología. Hoy, se sentían como una fortaleza.
Me senté en el sofá de cuero, con las manos descansando protectoramente sobre mi vientre, observando a los dos hombres frente al escritorio. Noah caminaba de un lado a otro, como un tigre enjaulado en un traje gris carbón. Marcus estaba sentado, con la cabeza entre las manos, pareciendo un hombre que acababa de ver su vida entera red