Lily y Patricia no conocían la palabra "discreción".
En cuanto entré en el conservatorio privado del Hotel Gramercy Park, se me cortó la respiración. El salón era una nube de rosa suave y oro reluciente. Había racimos de globos en cada esquina y las mesas crujían bajo el peso de pasteles de varios pisos, petit fours y suficientes flores como para abastecer un jardín botánico.
—Es... guau —susurré, llevando una mano a mi vientre.
—Es una celebración —me corrigió Lily, apareciendo a mi lado con u