La vi sentada en su mesa, rodeada de compañeros que se atrevían a tocar su vientre.
Apreté la mandíbula con fuerza. Odiaba verlo. Odiaba la confianza con la que lo hacían.
Me llevé el whisky a los labios y lo bebí de un solo trago, conteniendo el ardor en mi garganta. No hice ruido. No permitiría que notaran cuánto me carcomía por dentro.
La presentación estaba por comenzar, pero antes de eso, hubo un espectáculo.
Las luces se atenuaron, y un grupo de bailarinas se esparció por el salón, mo