—Madre, ella es Georgina—
Muestra una amplia sonrisa, cuando me presenta con ella.
—Georgina, ella es mi mamá—
Sus ojos bajan lentamente hacia mi vientre, y un peso incómodo se siente en el aire.
—¡Oh, Dios mío! Es mi nieto, ¿puedo tocar?— Su sonrisa es cálida, pero yo solo siento un nudo en el estómago.
—Ehhh... s-sí—
Sus manos recorren mi vientre con una suavidad que me desconcierta. Mientras tanto, Dayanara se aleja, claramente molesta.
No entiendo qué está pasando.
Ella me había rec