Cuando termina su llamada me acerco tanto a ella que puedo sentir el calor que desprende su cuerpo y aunque intenta alejarme le es imposible.
—¿Sabes qué recordé Reyyan? —inquiero encerrándola entre la puerta y mis brazos; y con cada palabra que pronuncio mis labios casi rozan los suyos debido a nuestra cercanía.
—¿Tomar sus pastillas para el Alzheimer? —pregunta esquivando mis labios, los cuales estaban listos para volver a probar los suyos.
—Es lo que más te gustaría en este momento, pero n