El lunes por la mañana espero a que el mar humor de mi jefe se asiente un poco y me armo de valor para ir a su oficina, toco una vez y cuando esa gélida voz me permite pasar, me recuerdo que no debo ser grosera con él, por lo menos hasta que me dé ese permiso que necesito.
—¿Qué se le ofrece, señorita Bennett? —me cuestiona sin levantar su mirada de lo que sea que esté revisando.
—Quiero pedir permiso para mañana llegar un poco tarde —y como si le hubiese hecho alguna ofensa, levanta su cabeza