—Sí que es diminuto el renacuajo —murmura mi amigo, apretando mi mano y llorando junto conmigo a moco tendido.
El doctor sigue pasando el transductor por mi vientre y después de imprimir la primera ecografía de mi bebé, me entrega una servilleta para limpiar mi vientre y tomar asiento en lo que termino de arreglarme.
—Me gustaría ser sincero, señorita Bennett —masculla el doctor un poco más serio que hace un momento.
—¿Hay algo mal con mi bebé? —lo cuestiono con mi labio inferior temblando.